domingo, 19 de agosto de 2007

Implosión

Escalando la montaña del anonimato voy descubriendo los sórdidos paisajes de la nada, siempre solos, vírgenes, hermosos, fríos. Es una isla muerta frente a mares congelados que perdieron contacto con los cálidos rayos del sol. Y la falta de sol es fatal. Fatal. Destruye la vegetación, la vida, y mata el amor. Pero ¿hubo alguna vez amor?
La gente mataría por amor, moriría por el. ¿lo conocen realmente?¿no es el amor una elegante manera de llamar a la obsesión? ¿a ese deseo de posesión? Todo para mí, nada para el resto.
Eso también es capricho. Convertir a la persona en un objeto. Todo para mí, nada para el resto.
Como si fuese una linda mesita o un velador. Todo para mí, nada para el resto.

Paradójico hablar del amor sin conocerlo, sin haberlo saboreado, sin sentir ese capricho, esa obsesión, ese deseo de vivir cada minuto como si fuera una eternidad, una vida.
Todo para mí, nada para el resto.
Y el viento empieza a soplar, frío como siempre, sobre mis pies. Los congela, los inmoviliza. Y la fatal falta de movimiento congela el cuerpo, lo endurece. Y eso endurece el alma, el corazón. Y el corazón ya no siente, ni se preocupa, solo late. Cumple la función primaria para la cual fue creado, bombear sangre, latir, generar vida. La verdadera fuente de la vida.

¿Que queda para el futuro cuando el presente es tan poco estimulante? ¿porqué no puedo hacer nada por esa isla? Mi isla, tu isla.

Todo para mí, nada para el resto.

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